Filosofía y PAN

ALONSO LUJAMBIO

LA FILOSOFÍA Y EL PAN

En el transcurso de su historia, la filosofía ha centrado su estudio, principalmente en el Ser, y en la razón de la existencia. Las diversas posiciones filosóficas confluyen desde los clásicos Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes configuraron los valores universales y la trascendencia del ser; hasta llegar el nihilismo en Heidegger con quien por el contrario se identifica la negación de todos los valores, y del ser mismo por aparecer vacío ante una existencia que Sartre considera contingente, inexplicable y absurda.

Así, el Ser, que no ente abstracto, sino entidad particular e identificada, queda supeditado, en su actuar ante la vida, a sus propias consideraciones filosóficas, y se puede apegar, ya sea a una vida inmersa en el relativismo y la ausencia de valores metafísicos, o bien, en una constante búsqueda de la trascendencia humana, con disciplina y valores.

En lo particular, si se permite la aclaración, se prefieren aquellas nociones románticas, que si bien parecen no ser útiles para el devenir cotidiano actual, si brindan certeza de trascendencia, allegan plenitud al existir, nos acercan a un superior y verdadero sentido de vida, que nos permite dejar huella de nuestro paso por el mundo, constituyendo un legado para la humanidad en pequeña retribución a lo que nos brinda al recibirnos.

Al menos a esa conclusión se puede llegar válidamente al atender a las disertaciones que Aristóteles narra en la ética nicomáquea, gracias a las cuales podemos entender que el fin último del acto humano es alcanzar la Eudaimonía, o la plenitud de ser, o en términos generales, la felicidad, que solo es efectivamente realizada mediante el ejercicio de la virtud.

Luego el Estado o la República en su acepción más platónica, se constituye como el medio ideal, para lograr que el fin, que es la persona misma, alcance la plenitud del ser, la felicidad, y se asegure el bien común.

De tal fuerza y virtud era el pensamiento de aquellos pensadores clásicos del siglo III a.C., que retomado dieciocho siglos después, conformó el pensamiento del humanismo renacentista de los siglos XV y XVI d.C., en el que se puso nuevamente en el centro de toda la actividad y el pensamiento, a la persona, que con su calidad humana, como la identifico Boecio, busca la trascendencia y el florecimiento de todas sus capacidades y posibilidades en el seno de la polis, de la ciudad ideal, del entorno perfecto para generar todas las oportunidades que doten al espíritu creador humano de los elementos necesarios para su liberalización y exaltación.

Ese mismo pensamiento humanista, con todas las consideraciones filosóficas que lo fueron conformando a través de los siglos, es el mismo que movió las almas de los siete sabios mexicanos, Alfonso Caso, Vicente Lombardo Toledano, Antonio Castro Leal, Jesús Moreno Baca, Teófilo Olea y Leyva, Alberto Vásquez del Mercado y Manuel Gómez Morin, que como compañeros en diversos cursos de filosofía y letras en la Escuela Nacional de Altos Estudios de la misma Universidad Nacional, herencia del Ateneo de México, constituyeron primero la Sociedad de Conferencias y Conciertos, y años mas tarde, con la colaboración de Efraín González Luna, Adolfo Christlieb Ibarrola, Rafael Preciado Hernández, Roberto Cossío y Cosío, Juan Landerreche Obregón, Daniel Kuri Breña, Manuel Herrera y Lasso, Juan José Páramo Castro, Bernardo Ponce, y Carlos Ramírez Zetina, entre otros, constituyeron el partido político que como institución política resulta ser la más antigua de nuestro país.

Con la presencia de organizaciones y delegaciones de toda la república, la asamblea constituyente realizada en el Frontón México del 14 al 17 de septiembre de 1939, y en virtud de la cual se aprobaron, en todos sus términos, los principios de doctrina que con toda la carga filosófica humanista, generarían el vehículo mas propicio y efectivo para fomentar y proteger la eminente dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad.

Con tal esfuerzo, mientras que –México pasa por una época de especial confusión y los problemas tradicionales trágicamente intactos se agravan con problemas nuevos de extrema gravedad; y porque una pesada tolvanera de apetitos desencadenados, de propaganda siniestra, de ideologías contradictorias, de mentira sistemática, impide la visión limpia de la vida nacional-, unos cuantos humanistas, convencidos de las razones aristotélicas, lograron establecer una institución, la única en su especie, para canalizar al ciudadano hacia la debida y necesaria participación cívica y política, y a fomentar el modelo humanista para que las acciones del gobierno, no fueran fin, sino medio para que la persona alcance el fin último de su verdadera esencia.

El PAN es esto y más. Adolece de información quien de manera simplista asegura que el nuestro se fundó como un partido confesional. Miente quien considera que el modelo filosófico de nuestra mística se reduce a las tesis que la religión profesa, solo porque también se sostiene de valores universales identificados por los clásicos y humanistas.

Desde 1939 Acción Nacional se constituyó en la única oposición real e institucional del poder dictatorial del partido de estado que gobernó la mayor parte del siglo XX, con un vigor idealista, pero congruente con su hambre humanista de justicia y no con sed maquiavélica de poder y control.

Al PAN le tomó 61 años hacerse del gobierno, con una larga historia en su interior, en la que, -no hay porque negarlo-, se jugaron todo tipos de cartas y posiciones, pero que en el año 2000 por fin alcanzó el corazón de la mayoría electoral, y en estos doce últimos años, demostró que el Acción Nacional conforma y seguirá conformando legados de trascendencia, al transformar a México en un nuevo país de más oportunidades.

A nuestros 73 años es preciso tomar conciencia que es tiempo de renacer, y así como los filósofos clásicos delimitaron los valores y plantaron la semilla inmanente, así debemos considerar que nuestros fundadores determinaron la esencia pura e inmutable que da sustancia al PAN. Convirtámonos pues en los hombres del Renacimiento de Accion Nacional. Transformemos nuestro acto en potencia, devengamos en acción y movimiento para explotar toda las capacidades y la energía creadora de hombres verdaderamente libres y racionales. Exploremos amigos panistas todas las posibilidades que los valores trascendentes y la importancia de la trascendencia del ser pueden importar.

Hoy es tiempo de renacer, Hoy el PAN esta más vivo que nunca, hoy como nunca y para siempre son aplicables los valores clásicos y humanistas que dan trascendencia a nuestra existencia, aprovechemos el canal por el que podemos confluir hacia el ejercicio efectivo y productivo de nuestra capacidad política. Saquemos jugo a la mejor opción que tenemos los mexicanos para transformar nuestras vidas, nuestro país, nuestro futuro, nuestras circunstancias, individuales y comunes, forjemos el bien común, tendamos lazos efectivos de solidaridad, defendamos la eminente dignidad de la persona humana, procurando alcanzar todos el fin último y deseable de su existencia. Ejerzamos con amor la subsidiariedad para nuestro propio engrandecimiento como comunidad.

Vivamos la Acción Nacional.

@AsaelCordova es Coordinador de Gestión Estratégica y
Proyectos de la Presidencia del CEN del PAN.

 

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